Estimados alumnos, en estas fechas en las que nuestras actitudes comunicativas se ven incrementadas inmersas en la espiral de la Navidad, me he tomado la libertad de escribir estas modestas líneas referidas a nuestro primer año como grupo, y a las expectativas que el nuevo nos brinda.

Sí, ya llevamos juntos en este nuevo reto un año. Algunos lo han recorrido junto a mí desde el principio y otros se han ido incorporando paulatinamente durante todo este período; y creo que llega el momento de que hagamos algunas reflexiones.

Un club es un grupo unido para lograr un mismo objetivo. ¿Os habeis planteado cual es nuestro objetivo? Además del mero hecho de practicar una actividad física, vacía en principio como tal de contenido moral, hemos elegido practicar una disciplina en la que nos encontramos con una gran vertiente relacionada con la educación, la tradición, la etiqueta y por supuesto la moral a la que hacía referencia. Esos valores ya os deben dar una idea clara de cual puede ser la meta de nuestra práctica.

Por lo tanto y en virtud de nuestro compromiso ético debemos forzarnos a encontrar la manera de comunicar nuestros pensamientos y propuestas al resto de compañeros y de personas de nuestro entorno siguiendo con los preceptos escogidos y dando ejemplo de los conceptos que nuestra disciplina enseña, porque de no ser así ¿qué motivos tenemos de crear un Club? Naturalmente éstas deben encontrarse dentro de los límites del respeto y la tolerancia que todos merecemos.

Dicho esto, y como vuestro instructor, me encuentro obligado a comenzar por hacer buen propósito del año entrante en el que nos esperan muchas dificultades en nuestro aprendizaje técnico y moral; para superarlas lo mejor es empezar por el respeto a vuestros compañeros dentro del tatami, lo que seguro se reflejará en las ya excelentes relaciones que mantenemos fuera de él, y esto se consigue desde la CONCENTRACIÓN y la INTERIORIZACIÓN en la práctica de las técnicas no olvidándonos de la deferencia que se debe a los compañeros más antiguos (Sempai) pues es en esta relación jerarquizada pero a la vez de igualdad donde, creo, se encuentran las bases del principio de grupo de aikido. Esforzaros, pues, en hablar en voz baja (sólo si es necesario hablar)no perturbando de esta manera el ambiente del grupo –concentración-;tratad también de no corregir a vuestro compañeros (así prestareis atención a vosotros mismos -interiorización-) y en entender que cuando alguien os llama la atención sobre algo no es por un afán de superioridad sino que se realiza con el mejor deseo de ayudaros a mejorar (siempre dentro de nuestro concepto aikidoka de mejora, claro está) –jerarquía basada en el respeto-.

Los avances son lentos pero evidentes si tratamos de ir paso a paso; controlemos pues todos esos impulsos negativos que la sociedad nos aporta y devolviéndolos al más puro estilo del aikido utilicemos esa inercia negativa para entregar un poco de no-violencia y cordura en nuestras relaciones, sociales, familiares, etc. Si empezamos dentro del dojo a comportarnos de manera recta encontrareis que con un poco de esfuerzo tarde o temprano vuestra vida personal también se vuelve más recta y definida.

Esto es especialmente importante para los más jóvenes pues son ellos los que más fácil lo tienen y los que menos endurecidas tienen las malas costumbres, por lo que sería absurdo, al igual que en la técnica, aprender a hacer mal las cosas para luego al darnos cuenta de nuestro error tener que empezar otra vez desde el principio. Esa es la base de una buena enseñanza: facilitar las cosas a los demás, hacer que su camino sea más fácil y corto.

Utilizad las técnicas para entrenar los impulsos de la mente y no como meros escapes de vuestra agresividad, para eso fueron elevadas del concepto de agresión-contra-agresión a algo mucho más importante: un vehículo de mejora personal.

Y recordad que la cohesión del grupo es muy importante pero no debéis confundir las buenas relaciones que podamos mantener fuera del dojo con el objetivo real: la práctica del Aikido y a través suyo nuestra propia superación. Cuidado con la fiesta, en dosis razonables es excelente pero en exceso nos dispersa.

Os deseo un muy féliz año lleno de prosperidad y avances, y también os deseo, si por desgracia es necesaria, la fuerza de voluntad para afrontar cualquier vicisitud que os pueda acontecer, encontrando todo mi apoyo y cariño en aquello que esté en mi mano y os os pueda ayudar, dentro y fuera del dojo.