Empecé a escribir una carta de año nuevo en la navidad de 2001. Me pareció, en su momento, una bonita manera de comenzar la temporada anual.

Abandoné el hábito hace un par de años. ¿Los motivos?

Mi idea era que las cartas se escribían para los demás, y si los destinatarios, en este caso mis alumnos, no estaban interesados en lo que decía, escribir se convertía una pérdida de tiempo y de energía, a la par que en fuente de sinsabores, ya que me decepcionaba profundamente los comentarios desafortunados sobre algo que había compartido de forma totalmente abierta y sincera, con la mejor de las intenciones.

Ahora lo veo de otra manera. Cuando tomé la decisión de no seguir escribiendo estaba equivocado. Por varios motivos:

  • Por causa de un ego intolerable consideraba que todo lo que decía debía interesar necesariamente a mis alumnos.
  • Por causa del mismo ego, creía que lo que decía debía ser aceptado. ¿Por el mero hecho de dar dos días de clase a la semana a un grupo de personas, en su mayoría seguramente más inteligentes y sensatos que yo, pretendía dar lecciones de algo? ¿me creía capacitado en aconsejar sobre lo que debían o no debían hacer?. Es absurdo.
  • Una increiblemente estrecha visión de las cosas me llevaba a pensar que a mis alumnos les movían los mismos motivos que a mí en la práctica del aikido. No comprendía la multitud de razones, intereses o causas que pueden llevar a una persona a encontrarse con el aikido. El aikido es crucial en mi desarrollo, pero no tiene porqué serlo para otros, ni siquiera tienen porqué desear que lo sea.
  • Todo ello me llevó, y aquí está la raíz del problema, a creer que debía escribir para otros, cuando lo que verdaderamente debía plantearme es escribir para mí. Todo lo que he creído importante durante estos años quería exponerlo con objeto de moldear la forma de entender y practicar el aikido de mis alumnos. Craso error. En realidad, todo lo que he pensado durante estos años sí creo que era adecuado exponerlo para compartirlo con mis alumnos, pero el verdadero objetivo debía ser yo mismo. Ahora tengo una valiosa herramienta que muestra mi evolución, o falta de ella, en comprender la práctica y la ética del aikido.

Todos me han escuchado decir que un instructor joven como yo (bueno, quizás ya no tan joven) debe seguir entrenando para no perder la perspectiva. Esto quiere decir que mantenemos unas limitaciones técnicas que no nos permiten ir más allá, cruzar determinados aspectos de la práctica, en la enseñanza. ¿Qué demonios me ha hecho creer que no existe la misma limitación en nuestra concepción ética de las cosas?

En definitiva, entendía una parte de este blog como un método más de enseñanza, cuando, basado en algún evento o situación creada durante la práctica del aikido, surgían algunas dudas, inquietudes o detalles que deseaba plasmar de una forma ordenada con objeto de formar adicionalmente a los alumnos. A partir de ahora, será algo mucho más personal, y mis reflexiones estarán huecas de toda intención didáctica, tal y como la concebía antes. Aunque, por supuesto, expresar opiniones siempre puede resultar enriquecedor. Todo el mundo será bienvenido, pero sólo aquel que se interese verdaderamente podrá extraer algo de lo que escribo, para el resto, la inmensa mayoría supongo, sólo serán divagaciones o considerarán como en algún momento me dicen “que se me ha ido la pinza”.

En otro orden de cosas, aunque en cierto modo relacionadas, el año entrante se presenta crucial desde el punto de vista de nuestro grupo, pero también desde el mío propio. Hacer un lista de los asuntos sobre las que tenemos que decidir como grupo en los futuros meses sería farragoso y un poco aburrido, pero desde luego algunos ya estáis al tanto sobre el estado de cosas sobre las que tenemos que tomar una determinación. Y esto es así como grupo, como practicantes, o como maestro. Para mí es extremadamente complicado, pues me encuentro incluido en todas las opciones.

Abandonar por completo el ego en la práctica y en la enseñanza; impartir clases y practicar lo que mis maestros me enseñen, con humildad y tesón, sin importarme más que el momento presente; tomar las decisiones importantes que se nos avecinan meditando con ecuanimidad las posibles opciones. Estos son mis votos de año nuevo en relación con el aikido.

Y, sobre todo y por encima de todo, disfrutar al máximo de los cada vez más escasos momentos que mis responsabilidades familiares y profesionales me permiten la práctica de este arte, que tanto me ha aportado y al que tengo tantas cosas que agradecer.

Agradezco de forma infinita la paciencia de mis alumnos en escuchar mis interminables disertaciones y divagaciones, aguantando estoicamente mis continuadas muestras de ego, fruto de la inexperiencia.

Muchas gracias a Roberto, mi maestro, por aguantar con paciencia mis constantes faltas de asistencia, apoyarme en momento duros y ser comprensivo con mi situación personal. Él sabe que me gustaría practicar con mucha más asiduidad, aunque también sabe que mis pensamientos siempre giran en torno al aikido y que mi práctica, aunque escasa, es sincera. Como lo sé yo también de algunos de mis alumnos.

También para mis compañeros, especialmente para Guillermo en este año de su tan deseado Shodan después de ¿16? años de práctica, sólo tengo palabras de agradecimiento por su práctica siempre intensa, corrigiendo con su ejemplo mis errores.

El más dulce recuerdo para mi abuela, cuya pérdida este año me ha hecho recapacitar mucho sobre mi vida, mis errores, y la necesidad de cambiar para poder dejar este mundo en paz y con dignidad, como lo hizo ella y como siempre la recordaré: una mujer dura, generosa e íntegra y, sin embargo, con amor y dulzura ilimitada para su familia, a pesar de nuestras dificultades en comprendernos unos a otros.

Y, naturalmente, con infinita ternura, agradecer a mi mujer, Mari Ángeles, el soportar mis constantes preocupaciones, traducidas en cambios de humor y desabrimiento, y aceptar callada y resignadamente las interminables horas que tributo al aikido en detrimento de nuestra vida familiar. Sin su paciencia, apoyo, amor y sacrificio, mi práctica sería imposible y mi vida terriblemente más complicada.

Pase lo que pase con nuestro futuro, compartido o privado, el aikido siempre estará ahí para el que quiera encontrarlo, y esto siempre me resulta reconfortante.

Afrontemos el año nuevo con alegría y con determinación, nuevos retos nos esperan.

¡Ánimo!

¡Ganbatte kudasai!

.O.