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A buen entendedor, pocas palabras hacen falta… “actos sociales” es lo que en aikido viene a ser “tomar unas birras”, aunque puede tratarse cualquier otro elemento, en estado líquido o sólido, siempre que con ello podamos conversar sobre el aikido y otras cosas más mundanas.
Verdaderamente estamos juntos en la práctica un tiempo muy escaso, y aquí no existe ningún objetivo que pueda ser cuantificado respecto al aprovechamiento de las clases. Bueno, del aprovechamiento completo de las clases. Es obvio que los avances técnicos puedo verlos, pero ¿y el resto? El aikido, y yo personalmente, buscamos un desarrollo integral de la persona. Si sólo necesitara ver medallas colgadas del cuello de mis alumnos para saber que buenos competidores o técnicos son, sería fácil hacer una valoración de la calidad de mi enseñanza, pero necesito el contacto personal, la cercanía que sólo proporciona descontextualizar las conversación del propio dojo, conocer a la persona que está detrás del alumno y comprender mejor la forma de ayudarle a entenderme y a entender la perspectiva que del aikido tengo.
Saber si un alumno busca más la espiritualidad, la marcialidad o la efectividad me ayuda a compensar, a dar el equilibrio que todo maestro debe aportar. El maestro no debe equivocar entre lo que el alumno necesita y lo que el alumno quiere. A veces coincide, a veces no. Tampoco se trata de hacer las clases a la medida, sino de ser empático y esforzarse por hacer entender que la belleza del aikido radica en no tener que renunciar a nada de todo lo dicho.
¿Y el alumno? También debe conocer al maestro. Comprobar por sí mismo si lo que ve en clase es reflejo de lo que el propio maestro es o se trata simplemente de un rol que interpreta dentro del tatami. Debe sentir confiadamente, para que no existan interferencias en su aprendizaje, que quien le enseña ama lo que le enseña y se esfuerza cotidianamente para llevarlo a cabo. Decidir en definitiva, si esa persona que se arrodilla ahí delante de ti y al que se le exige respeto por el artículo 33, realmente lo merece y es alguien que merece compartir, si todo va bien, un montón de años de tu vida.

La asistencia a seminarios es una de las maneras de poder obtener ese conocimiento mutuo. Por varios motivos. Uno de ellos, el estrictamente técnico, es que podréis observar (esto va dirigido a mis alumnos) a maestros de una calidad técnica excepcional que supera en mucho a este que suscribe. Otro, razón de esta entrada, más etéreo si queréis pero igualmente importante, es que podréis conocer mejor a vuestros compañeros y a ese tipo que todos los días que entrenáis os sermonea. Allí en breves, pero intensas, horas de convivencia, comprobaréis todo aquello que os une… y que os separa.
Tengo alumnos que verdaderamente no conozco, la verdad. Vienen, entrenan, y al acabar la clase se van como alma que lleva el diablo. Un día desaparecen y ya no sé nada más de ellos. Sólo si hacían bien el kote gaeshi o fallaban en la inmovilización de yonkio,. La verdad es que me siento un poco desconcertado con ello, porque entiendo el aikido de otra manera. Por eso exhorto a cada uno de los alumnos a asistir a las cenas de l grupo, tomar un refresco después de clase de vez en cuando (vaya, que eufemístico me pongo) o simplemente tener quince minutos de charla pausada sobre el tatami, conmigo o con los compañeros, sobre algún tema del que tengan dudas o inquietudes. Muchas veces sólo con eso, el alumno entra en otro nivel de compromiso. Y el maestro también encuentra una perspectiva nueva de aquel.
Me reconozco bastante mendrugo, la verdad. No soy una persona inteligente, pero una cosa que se me suele dar bien es la interpretación de los sentimientos de los demás y la valoración de las situaciones. Supongo que es la experiencia docente. Por eso anhelo ver esa mirada, ese gesto esa palabra o esa frase que me permite conocer mejor a mi alumno y ser mejor maestro para él.
Enseñar a un alumno sin conocerle un poco es como interpretar una melodía de piano con las manos vendadas… puedes interpretar la partitura y los gestos técnicos correctamente sobre la tecla, pero el resultado no es precisamente lo que esperas escuchar.

Quiero decir que leí esto hace varios días y que he elaborado una respuesta (o comentario) pero no me deja meterla…
En mi opinión la cerveza de después de clase, el comentario de la jugada y la competición de moratones en los vestuarios y la charla mientras los más “viejos” doblan la hakama y a los más “jóvenes” se nos quitan las ganas de llevarla de tan complicado que parece, son parte del todo que es el aikido.
Mira que me gusta leerte.
Trabajo en Alcobendas, en Arroyo de la vega, si al final me traslado allí a vivir, tendras la oportunidad de conocerme, ya que yo tambiente tengo interés en conocer a una persona que piensa como tu. aunque con 39 años, y el Judo de la infancia, entiendo las artes marciales como filosofia y realización,auque las circunstancias de la vida siempre me han tenido lejos .. (una pena)
Un abrazo y enhorabuena a tus alumnos por tenerte como profesor..
Sl2
Vic, agradezco mucho tus palabras y sobre todo tu participación. Espero que alguna vez puedas entrenar con nosotros.
Estoy totalmente de acuerdo contigo en que los “Do” son caminos de realización y no de búsqueda de conflictos o la tan famosa efectividad.
Existiendo una oferta tan variada de sistemas de combate nunca entenderé que la gente venga a buscar al aikido u otros Do algo que no deberían encontrar aquí.
Nada, me despido, aunque voy meditar poner tu última frase en letras de neón en el dojo, a ver si los alumnos me respetan un poco más… ja 😉