No deja de sorprenderme la capacidad que tenemos las personas de no apreciar las buenas cosas que tenemos a nuestro alrededor. Por ejemplo: yo me he “criado” en el aikido en un grupo en el que cada uno nos guisábamos y nos comíamos todos los asuntos relacionados con él. Si queríamos armas, pues muy bien, nos buscábamos la vida y o bien si teníamos dinero nos las comprábamos o bien nos aguantábamos y ahorrábamos hasta tenerlo. Otra opción era ser un poco creativos y fabricárnoslas nosotros mismos (incluídas la funda construída con dos perneras de un vaquero viejo). Qué decir de los viajes, cada uno decidía como ir y si había sitio en algún coche, pues nos colábamos en él. Naturalmente si no había dinero no podíamos asistir a ningún cursillo y nos conformábamos con esperar las explicaciones del maestro (si había ido) o de algún compañero que nos describiese cómo había sido, contagiándonos así el “gusanillo” de asistir al siguiente.

Todos estos problemas no existen hoy, tenemos armas para las personas que entran nuevas y para aquellos que no puedan permitírselas. Existen becas para aquellos que no puedan permitirse asisitir frecuentemente a los cursos en todo el territorio nacional e incluso, en proyecto,en el plano internacional. Se organizan los viajes de forma que los mismos sean lo menos gravosos en cuestión de gasolina para todos… precios mensuales similares a los que existían cuando yo practicaba en el 95… y un largo etcétera de facilidades.

¿Y qué hemos ganado con todo ello? Nada. Tengo exactamente lo mismo que yo conocí cuando empecé: un grupo de gente que se interesa verdaderamente por el aikido y otro grupo que vive equivocadamente la realidad de la práctica.

He pensado siempre que transmitía la sensación de que había que implicarse en la práctica para que ésta resultase fructífera, pero algo debo hacer mal para que aún subsista una mayoría de personas que opinan que basta con asistir a dos clases a la semana para que esto funcione. No es así, si se constituyó un club fue para que todo fuera más facil para TODOS y no para una parte. Si toca ser el presidente, tesorero o secretario, no se debe afrontar como “con lo ocupado que estoy yo, ahora esto” o “menudo rollo, a ver si pasa pronto”. Ese enfoque ya implica mi propio fracaso al dirigir un grupo. Absolutamente todos estamos ocupados y tenemos un vida personal, pero lo que exige la forma correcta de actuar es hacerlo con valentía y decisión, encarando con alegría el reto. No porque “te haya tocado” sino porque debemos hacerlo y además hacerlo bien. No se puede tener más apoyo por mi parte y la de los demás compañero y si se tienen verdaderamente problemas siempre es posible comunicarlos y actuar en consecuencia.

No existe iniciativa y vuestra obligación como componentes de esta asociación es tenerla, ver que es mejor para vosotros, tomar la decisión de comunicarlo al resto del grupo, planear como llevarlo a cabo y ponerlo en práctica.Hay muchas cosas por hacer y muy pocas, poquísimas hechas.

Nunca he querido implicarme en vuestros propios asuntos ni establecer mis criterios porque ese no es el espíritu de este club, pero es mi deber al menos señalaros la dirección que os lleve otra vez a la ruta inicial que al parecer, habéis extraviado porque igual que corrijo un pie mal colocado corrijo una mala actitud. Y os aseguro que la vuestra ahora mismo no es la adecuada.

Yo por mi parte pensaré en profundidad donde está mi error y trataré de corregirlo, pues sin duda es el primero y más importante de todos.