Iván, el aikidoka con look “afro”Bueno, pues pasado el mal trago de los pases de grado, ya cuento con un shodan entre mis alumnos: Iván Manzanas, actualmente mi alumno más antiguo. Han sido duros los momento pre-examen, examen y pos-examen. Estos últimos sobre todo por la fabada asturiana en los Picos de Europa que nos apretamos pa celebrarlo. Un viaje en coche de cinco horas, después de ingerir ese pedazo de monumento a la cultura gastronómica asturiana, podríamos calificarlo de temeridad sin temor a equivocarnos.

En fin, considerando, lo primero, que merece su flamante grado como el que más por su evolución positiva, por su trabajo, por su experiencia y sobre todo -por encima de todo- por aguantarme diez años, es importante que los dos nos realicemos determinadas preguntas. Así que se la voy a hacer primero yo a él:

¿Qué significa tu shodan, Iván? ¿Eres capaz de expresarlo? ¿Significa algo realmente? ¿Te has parado a plantearte esta última – vital – cuestión?

Lo digo porque si me hicieran la pregunta del millón ¿qué significa tu sandan para tí Óscar? Se me quedaría la misma cara que a una candidata a Miss Universo cuando le preguntan que es lo que más desea. Lo mismo voy y digo “eeeeeh ¿la paz mundial?”.

¿Sabes, querido Iván, en qué consiste un examen de 5º dan? Pues entre otras muchas cosas, redactar una carta¿Amor a primera vista? manuscrita dirigida al maestro Tamura explicándole lo que significa la consecución del grado para ti. ¡Oh, cielos! tiemblan mis canillas como las de un cervatillo recién nacido. Un sudor frío invade mi cuerpo si pienso en ello. En cierto modo me siento muy aliviado de no tener que enfrentarme a un papel en blanco para escribir eso en muchos, muchos años. Tantos que probablemente nunca se de el caso de tener que escribirlo.

Sinceramente supongo que seguiría siendo 6º kyu a estas alturas si no hubieran mediado otros factores. Entonces ¿por qué eres sandan? os preguntaréis. Pues básicamente porque no vivo aislado de mi entorno, y mi entorno en el aikido son Hay tiempo para todopersonas que respeto y que me aconsejan, o me indican amablemente entre luxación y galleta, que debo actuar de una determinada manera. Por eso soy sandan. Porque en algún momento alguien puso su mano en mi hombro y me dijo “chaval, ta tocao” y ahí que fui. Así fue, por respeto al consejo de los que me guían. Independientemente de que nunca jamás haya encontrado una razón que me haya hecho cambiar radicalmente mi concepción de los grados en el aikido, pese a los benevolentes intentos de muchos y mejores hombres que yo de hacérmelo entender. Puede que me hayan hecho recapacitar un poco sobre ello, sí, pero no he variado sustancialmente mi planteamiento. Será porque soy muy cabezón, digo yo.

Así que, a falta de otras razones, la significación que le otorgo a mi grado actual es eso: respeto a mis maestros y a sus decisiones. Ni más, ni menos. Ahora te toca a ti responder a mi pregunta.

Muchas felicidades, ¡oh, cielos! mi pequeño gorrión ya es un hombre…