De vez en cuando algún alumno me hace un pregunta que me resulta difícil de contestar de forma satisfactoria, y so pena de no resultar demasiado académico al uso oriental con respuestas tipo “koan”, me temo que respondo a veces de forma un tanto escueta. No lo hago por falta de ganas – todos los que me conocen temen mis largas parrafadas – sino que, precisamente por no resultar excesivamente tedios en explicar mi visión de las cosas, acorto mucho mis explicaciones.
La pregunta que se me plantaron hace unos días fue sobre si el aikido podía cambiar nuestra forma de ser, si era posible que nuestro comportamiento habitual cambiase a través de la práctica del aikido.
No tengo ninguna duda y mi contestación fue rotunda y, como digo, escueta: sí, el aikido puede cambiarnos y desde luego que yo lo he hecho.
En términos absolutos no me cabe duda que el aikido, como cualquier otra actividad con un componente ético de la profundidad y vastedad que el aikido posee y desarrollada de forma responsable y sincera, puede cambiarnos.
No obstante, de vuelta a casa iba pensando un poco sobre la pregunta y la respuesta que dí. No me sentía demasiado cómodo al respecto; tenía la sensación de que me había precipitado un tanto al contestar.
Después de darle algunas vueltas, llegué a la conclusión muchas veces el problema de un instructor – uno que se sienta responsable de lo que enseña quiero decir – es la prisa que nos auto-imponemos para contestar, y esto no nos permite investigar la pregunta en sí misma por lo que la mayoría de las veces la pregunta y la respuesta que hemos dado nos están “atormentando” durante cierto tiempo. Me gustaría pues añadir algunas cosas a lo que dije al alumno hace unos días:
En nuestro corazón debe existir realmente necesidad de cambio en primer lugar y luego, verdaderamente, querer hacerlo. De nada sirve desear tener buenas intenciones si en el fondo pensamos que es una necedad tenerlas porque nos hará más débiles en un mundo de malas intenciones.
En nuestro ámbito, yo os diría que primero hay que mirar dentro, analizar las causas que nos llevan a la práctica del aikido, qué nos puede aportar el aikido y ver si unas y otras están realmente relacionadas.
La pregunta por lo tanto debería ser planteada en diversas fases, pues en caso contrario generalizamos algo muy personal.
- ¿Necesito cambiar?
- ¿Quiero cambiar?
- ¿Puedo cambiar?
- ¿Puede el aikido ayudarme a cambiar?
- ¿Aunque pueda ayudarme, cambiaré a lo que quiero ser?
Si todas las respuestas son afirmativas, entonces tendremos que recorrer todavía un largo camino, pero si nos engañamos en alguna de ellas, probablemente todo el tiempo empleado y mi esfuerzo quede sin ningún efecto. Sin embargo si trabajamos siguiendo los consejos de los más experimentados, con honestidad y tesón, sin duda que encontraremos una gran satisfacción en la práctica del aikido, y poco a poco, sin darnos cuenta incorporaremos todos los bellos conceptos inherentes a su filosofía y etiqueta, acercándonos al ideal que tenemos en mente.
Pero sin prisa, todo toma su tiempo. Lo importante es practicar. En ese sentido el aikido es como cocinar: empleando buenos ingredientes, con tiempo y sin prisa, disfrutando de lo que haces, todo sale mejor y con más sustancia. Con un toque personal.

Buenas tardes.
La verdad es que mostraba reacio a pronunciarme en un tema que de entrada no conozco; no practico aikido (espero practicarlo dentro de poco, ya queda menos para mi salida de la Academia) pero tras leer estas palabras del Sensei he estado pensando desde la perspectiva de alguien que conoce vagamente el aikido y que espera encontrar algo en el aikido.
Aparte de unos conocimientos técnicos, que con el tiempo y la práctica seguro que dan sus resultados, espero que el aikido, como arte marcial (con todo lo que ello representa) no me haga cambiar… sino EVOLUCIONAR. Siguiendo el ejemplo culinario del Sensei, el aprendiz (ingredientes) de un arte marcial debe de tener unas cualidades (sobretodo psicológicas) para asimilar todo lo que va a aprender, con con el tiempo y un poco de cocción jeje resultará un plato mejor, que se ha desechado de lo que le sobraba y ha cogido el sabor y se ha impregnado de todo con lo que ha estado tanto tiempo “cocinandose” o trabajando.
Tengo muchas ganas de ser una zanahoria.
Un saludo a todos.
Carlos
Muchas gracias por aportar tu opinión, siempre estamos faltos de participación en este blog. Es una satisfacción ver cómo mis alumnos siguen con plenitud y alegría tus recomendaciones y acuden en masa a esos bares de Dios a “cocerse”. Habitualmente suelen cocinarse a fuego lento “a la cerveza”… 😉
Ahora en serio, gracias por el comentario, espero que realmente el aikido le de a cada uno ese punto de evolución personal que me ha dado a mí (y me sigue dando).
Si la práctica seria del aikido no nos cambia, o no es práctica o no es seria o no es aikido.
Saludos
Maestro, en este post intentas contestar una duda: si el aikido puede ayudar a cambiarnos.
El problema es que dices que el primer paso para saber la respuesta es hacernos ciertas preguntas, entre ellas si puede el aikido ayudarnos a cambiar.
Osease,que el susodicho chico dudoso tiene que contestarse a su pregunta.
Es sólo un apunte, no tienes que contestar, sobre todo porque no creo que encuentre nunca el comentario entre tantas entradas.
Un saludo
Mmmm, quizá la pregunta debería presentarse en estos términos: ¿es el aikido la herramienta adecuada para cambiarme? Y la respuesta sólo la tiene el interfecto.
Y sobre todo, lo importante de las preguntas es hacérselas en ese orden. En mi modesto entender, claro.
Gracias por contestar Maestro.
Osea que la respuesta a la pregunta de Mr Dudoso es algo así como “la respuesta está en tu interior pequeño saltamontes”.
Me alegro de que el aikido pueda cambiarnos, a mí por el momento me vale para, como bien decías en un post anterior, practicar eso del Carpe Diem (“Chao cho chin” o algo similar en japonés), y lo agradezco muchísimo.
Hasta ahora.