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La importancia de elegir pareja
No piensen que voy a hablar de temas de amor, y todo eso, en el aikido. Nanay, y aunque todos sabemos que “el aikido es amor” - lo que seguramente me da pie a preparar otra entrada sobre semejante bobería cursi -de lo que quería hablar es sobre una moda que causa furor en mi dojo y que es, ni más ni menos, el mantener relaciones estables con tu pareja desde el comienzo hasta el final de clase. Es decir, nada de promiscuidad aikidokil. Ni una canita al aire, fiel hasta el final. El que te toca te toca y San Pedro te lo bendiga.
Por los hechos que paso a describir me paré a meditar un poco sobre la importancia de tomarse la molestia de elegir bien tu compañero o compañera en el negocio diario del aikido. Es importante, como en cualquier relación de pareja.
Sin ir más lejos, andaba yo el otro día poco dispuesto para la práctica, con los efectos de una contundente fabada aún burbujeando en mi conducto intestinal, cuando me situé en seiza para iniciar mokusso a ver que tal se daba la clase. El generoso plato de fabes que me había trasegado no ayudaban mucho a mi paz interior, todo hay que decirlo. Más bien parecía que en mis entrañas se libraba una terrible batalla a juzgar por los sonidos que periódicamente surgían de esa zona.
Cuando la palmada del maestro me despertó sacó del profundo estado contemplativo al que había accedido, me sentí mucho más predispuesto a la práctica, gracias al férreo control sobre mente y cuerpo que he adquirido tras intensos años de práctica. La predisposición duró 2 segundos. Exactamente lo que tardé en ponerme en pie.
Como no podía ser de otra manera, y según nos enseña el gran maestro Murphy (excelente cerveza también), tus ganas de trabajar serán inversamente proporcionales a las ganas del maestro de mostrarse juguetón durante la clase. Ya se pueden imaginar el cuadro. Sólamente el calentamiento fue digno de un potro vencedor del Gran National. Si el gran Red Rum me hubiera visto calentar así antes de iniciar una carrera, seguro que se habría retirado sin ni siquiera intentarlo. A punto de llorar estuve.
Así estaban las cosas cuando sonaron la dos tradicionales palmadas con su coletilla “¡Ale, vamos a comenzar!”. “Pues nada, nada, vamos a ello” me dije, mientras mantenía una dura negociación con uno de mis pulmones para que retornara a su sitio.
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La cultura Yayoi
Serie Historia de Japón para melones
- La cultura Jômon
- La cultura Yayoi
¿Donde nos habíamos quedado? ¡Ah, sí! Nuestro simpáticos y recios habitantes mesolíticos del archipiélago japonés miraban boquiabiertos las oleadas de turistas adinerados provenientes de la China continental y Corea, que aparte de divisas frescas, les trajeron multitud de otros interesantes adelantos, como los cultivos perfeccionados de arroz y unos preciosíííííísimos jarrones, apreciación realizada por una mujer jomôn entrevistada por este que suscribe, que superaban con largueza sus toscos intentos arcillísticos.
Parece ser que el auge “turístico” de final de la edad neolítica se comienza a registrar más o menos en el 500 a.C., y según algunas fuentes viene motivado por un cambio climático en la zona norteña de China que hizo de las regiones boscosas y húmedas lo que hoy conocemos como el desierto del Gobi. Eso, o una depreciación de la divisa jomôn hizo posible para los esforzados yayoi encontrar un lugar donde costearse una segunda vivienda para utilizar en las vacaciones, vaya usted a saber. El caso es que los habitantes de la China continental y Corea encontraron bastante agradable el clima y las costumbres pacíficas de los muchachos aborígenes y decidieron quedarse por allí un poco más. Tanto que ya se quedaron para siempre.
Parece hecho aceptado que existió una absorción pacífica del flujo migratorio pero supongo, y esto lo digo yo, que en la pacífica acogida de los jomôn a sus nuevos vecinos influiría el hecho de que éstos además de tener mejores pedruscos contaban con utensilios de bronce, léase armas jodidamente cortantes y resistentes además de fáciles de producir, mientras que ellos debían conformarse con piedras, bonitas todo hay que decirlo, pero insustanciales a la hora de vestirlas para evitar que te rebanaran el pescuezo y desesperadamente incompetentes a la hora de abrir agujeros en los cuerpos de los yayoi que se ponían un poco chulitos.
Bueno, el caso es que exceptuando la zona norte de Honshu y Hokkaido, los yayoi se conviertieron con cierta presteza en los que partían el bacalao. En Honshu norte y Hokkaido quedaron los jomôn que, según algunos historiadores, podemos revivivir en la actualmente vivita y coleando nación Ainu.
Antiquísimos textos chinos ya dejan constancia escrita del estado de Wa, o sea de como se pronuncia en japonés el nombre que los primos chinos les daban a sus tierras, aunque al parecer no le daban mucha importancia ya que según las crónicas son el “Estado esclavo de Wa“.
Tenemos pues,como si fueran fiel reflejo de la Mallorca actual, todo el sur de Honsu, y las islas de Kyushu y Shikoku, abarrotadas de inmigrantes adinerados, que cultivaban arroz a espuertas, lo guardaban en una especie de estupendos hórreos y producían aceptables muestras de alfarería junto a espejos y espadas de bronce además de otra orfebrería. Descubrieron en este proceso que la unión hace la fuerza y empezaron a unirse en diversos grupos de creciente tamaño en los que germinó el embrión de la religión oficial del Japón actual: el shintoismo. Éste, como no podía ser de otra manera, fue una hetereogénea amalgama de costumbres chamánicas autóctonas, costumbrismos importados e intereses particulares de algún listillo (esto lo digo yo).
¿Y entonces que pasa en esta idílica comunidad para que Japón se convierta en el torbellino sangriento que ya no cejará hasta bien entrado el siglo XX? Pues quién fue exactamente el que tiró la cerilla que prendió el monte no se puede saber, pero ya lo dijo Plauto: “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit” así que con la alegría que nos caracteriza a la hora de destriparnos unos a otros, sobre todo defendiendo los intereses espúreos de tipos más listos que nosotros, los yayoi se enzarzaron en luchas y guerras de expansión entre sus propias tribus que se vieron reducidas en aproximadamente un tercio por absorción, vamos a utilizar este eufemismo, de sus parientes más cachas o mejor armados.
Toda esta ensalada de hostias produjo una ingente cantidad de esclavos, con lo que, ya puestos, se empezaron a vislumbrar las primeras clases sociales: los seiko (esclavos); los curritos (los geko) y los parásitos nobles (taijin). Escalas sociales que se han mantenido hasta la actualidad…pero con otros nombres. Sin embargo, parece ser que la mujer mantenía un estatus elevado en este sistema, ejeciendo como jefas de clan o chamanes, el cual de paso hay que decir que no es que diera a conocer ningún Mishima ya que al parecer no sabían, o no se ha conservado ninguna muestra, escribir, así como tampoco parece que tuvieran ningún sistema monetario.
Resumiendo:
- Se asentaron en tierras que no eran en las que se habían desarrollado
- Aprendieron a cultivar
- Aprendieron que si rezabas mucho a los kami la gente seguía palmándola de hambre, enfermedades o de indigestión de bronce, pero por lo menos te quedabas más tranquilo
- Aprendieron que si tu tierra no molaba, robársela a tu vecino era un opción a tener muy en cuenta.
- Aprendieron (no todos) que si rezabas mucho, mucho, y pagabas una buena cuota de arroz a los descerebrados más musculosos del grupo, podías hacer creer a la masa que tenías derecho a gobernarles y/o pisotearles.
- Apredieron que si tu vecino ya no tenía una tierra que cultivar porque se la habías robado, lo mejor que podía hacer es cultivar gratis la que fue su tierra a cambio de no insertarles un palo en el recto, mientras ellos se dedicaban a la masa que, amablemente guiada por los descerebrados musculosos, decidía que mejor ser tendero vivo que revolucionario muerto.
¿A donde nos lleva esto? Pues a que Japón empezaba a vislumbrarse como un estado “moderno”. Sólo les falta empezar a mover la pasta y pisotear los derechos de la mujer. Y así siguieron aproximadamente hasta el 300 dC
Por cierto, queridos alumnos, si conocéis a algún japones procurad no mencionar el período Yayoi porque probablemente no sería la mejor manera de empezar una conversación, mas bien de terminarla, con un nipón. De hecho, mencionar a un japonés que su cultura es el subproducto de una ola emigratoria de chinos y coreanos es la mejor manera de conseguir comprobar si vuestra cabeza resistiría impactos de alta velocidad de objetos de contundencia indeterminada.
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Un documental interesante
Un documental costumbrista - no sólo habla de artes marciales - que descubre algunas curiosidades. Muy entretenido, de cincuenta y tres minutos de duración, en boca de su narradora, una judoka que busca perfeccionar su técnica, (quizás debería pensar en perfeccionar también su fondo de armario) repasamos la mayoría de los aspectos culturales por los que Japón es más conocido en el exterior. Me ha parecido interesante compartirlo.
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Osawa Yamato Sensei
Otro maestro estilo Aikikai. Fue uno de los primeros maestros que pude ver realizar una demostración, y me encantó su dinamismo y potencia. Uno de mis favoritos sin ninguna duda.
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La cultura japonesa y su influencia en el desarrollo del aikido.
Os dejo un pequeño artículo de Sensei T.S. Okuyama traducido de Aikido On Line. Podréis observar que en su comienzo va un poco en la línea que os hablaba en un post anterior: las culturas existen, pero no son la última palabra; seguro que podemos encontrar muchos factores similares entre los pueblos pesqueros de Heda y de Malpica de Bergantiños. Pensar que los japoneses son todos iguales es un absurdo, tanto como pensar que todos los españoles sabemos diferenciar una verónica de una chicuelina. No obstante, es evidente que, como dice S. Okuyama, existen unos hechos y costumbre genéricos diferenciadores. Sinceramente, no me parece la religión un hecho explicativo de una cultura, si acordamos que como tal concepto existe, sino que, opinión muy personal, son la propias religiones productos manufacturados de las circunstancias de diversa índole, principalmente económica-social, donde se desarrrollan. Y ahora me llamáis marxista.
Lo que me da mucha pena es ver que, se enfoque como se enfoque, lo que más nos gusta a los humanos es jodernos bien todos. Unos por buscar el poder y otros, los más, por permitirles incluirnos en sus juegos de guerra. Sea cual sea la sociedad de la que hablemos, japonesa o estadounidense, china o española, la historia de toda cultura es la historia de la sangre que ha derramado. Genocidios, odios, matanzas, luchas intestinas, opresión de los pueblos, y cualquier otra barbarie que se nos ocurra pensar es lo que se repite una y otra vez allá donde investiguemos. Sea en nombre de un único Dios o de miles de ellos, lo que nos pone es sacarnos las asaduras unos a otros. Eso sí, cuando vamos a palmarla bien que nos arrepentimos.
Bueno, al aikido que es lo que nos interesa. El texto nos deja una visión, personal, de cual es la influencia religiosa-social en la que el aikido es concebido. Me ha parecido interesante compartirlo.
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